Altar de muertos

El altar que se realiza en casa, es organizado por todos los miembros de la familia, esperando que su pariente fallecido venga de regreso el 2 de noviembre, para compartir con ellos todo un día consolándolos por su pérdida. Por este motivo se organiza una ofrenda en honor al difunto, que contiene ciertos elementos constantes y otros adaptados de acuerdo a la región.

El altar puede ser de diferentes tamaños; puede ocupar una mesa o una habitación entera. Los altares pueden estar en un plano o contener diferentes niveles, de acuerdo a lo que quiera representarse con él. Los altares de dos y tres niveles, representan el cielo y la tierra, o el cielo, la tierra y el purgatorio, respectivamente.

Los altares grandes o de siete niveles, representan los siete escalones o pasos necesarios para llegar al cielo o al infierno, según las tradiciones; pueden organizarse de diferentes formas según el caso, pero suelen utilizarse ciertos objetos dentro de los altares. En la parte más alta del altar, se coloca la foto del difunto, donde puedan verla todos; otros acostumbran poner la foto de espaldas, de frente a un espejo, para verla solo por el reflejo, y que también el difunto vea solo el reflejo de quienes le acompañan.

Cerca de la foto del difunto se pone una cruz, elemento que integraron los evangelizadores cristianos en el sagrado rito de los muertos, buscando incorporar elementos católicos en el ritual; en otra parte del altar se traza una cruz con sal, que purifica al espíritu.

Otra cruz se traza con ceniza, para ayudar al difunto a salir del purgatorio, al igual que la estampita de las ánimas del purgatorio. Los parientes del difunto se adornan con un broche o cinta roja, para ser identificados.

En la habitación donde se ubica el altar, se queman copal e incienso, para purificar y santificar el ambiente, según tradiciones religiosas; arriba del altar se pone un arco o marco decorado con hojas de limonaria y flores de cempasúchil, simbolizando la entrada del mundo de los muertos.

Se adorna el altar con velas en número par, de colores violeta y blanco, como símbolos de duelo y de pureza; cuatro de ellas se disponen en cruz, para referir los puntos cardinales, que ayudarán al ánima a llegar hasta su casa. Las demás velas se disponen formando un sendero o camino hasta el altar.

Se coloca también un vaso de agua para que el difunto la beba, después de su largo viaje; un tazón con agua o aguamanil, acompañado de jabón, toalla y espejo, para que los muertos se aseen al llegar.
Si se ha fabricado el altar en el cementerio, las personas velan junto a su tumba desde la noche del 1 o la madrugada del 2, esperando que su muerto venga a recibir las viandas; la dedicación y el trabajo dedicados a los muertos es impresionante, y los trabajos artesanales para los altares son bellísimos. Por ejemplo, en Oaxaca se realizan gigantescas alfombras de flores por las calles principales.

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