Simbología en la celebración actual del día de muertos

A las rimas, se les conoce también como calaveras, y se trata de epitafios o versos satíricos, dirigidos a personas que aún están vivas, como si fuese un diálogo en el que la personificación de la muerte enunciara características de aquel a quien anuncia que se llevará al otro mundo. Por su contenido humorístico, normalmente se dirigen este tipo de rimas o calaveras a personajes de la vida pública, que se mencionan como si estuviesen ya fallecidos.

Las litografías, son grabados que dibujó el maestro José Guadalupe Posada, a principios del siglo XX, para representar a la muerte y de los cuales se formo la imagen de la Catrina, como personificación de la muerte, quién reemplazo a la antiguo diosa del reino de los muertos, encargada del festejo anual en la celebración prehispánica. En los diarios se gastan bromas a personajes públicos, poniendo su retrato junto a la Catrina en los días cercanos al festejo.

Se fabrican calaveras de dulce, a las que se les escribe el nombre de algún difunto, o a veces de personas vivas para gastarles una broma. Estas calaveritas dulces, son consumidas por parientes o amigos cercanos del difunto. Otro de los platillos estelares del día de muertos es el pan de muerto; se trata de un pan dulce hecho a base de huevo que se hornea, dándole forma de cráneo, huesos, conejos o formas circulares aplanadas, espolvoreado con azúcar.

Los días 1 y 2 de noviembre se visitan los panteones o cementerios, para limpiar y adornar las tumbas de los parientes difuntos, visita que normalmente ha sido planeada en el transcurso del año, para elegir las ofrendas que se llevarán; se acostumbra decorar las tumbas con coronas de flores, entre ellas las Zempaxóchitl, las cuales se considera que guían a las almas de los muertos. Se cree que las almas de los niños regresan el 1 de noviembre y las de los adultos, al día siguiente.

Si no ha sido posible llegar hasta la tumba del difunto, porque ya ha sido removida o la familia habita ahora en un lugar lejano, se organiza el altar en casa, para acomodar allí las ofrendas para el difunto; dicha ofrenda se compone de suculentos platos de comida, trozos de pan de muerto, vasos de agua, tragos de tequila, pulque, mezcal, cigarrillos, o en el caso de los niños, caramelos y juguetes. Las ofrendas se acompañan de la foto del difunto en cuestión, o algún objeto suyo que se conserve y algunas veladoras para alumbrarle.

Algunos creen que desde el 28 de octubre se manifiestan las almas de aquellos que padecieron trágicamente; desde el 30 de octubre, llegan las almas que están en el limbo, refiriéndose a niños y adultos que murieron antes de recibir el sacramento del bautismo, puesto que aún no eran considerados hijos de Dios y mantenían el pecado original desde el nacimiento.

Desde el 31 de octubre hasta el primero de noviembre, vienen las almas de los niños; durante la noche del 1 de noviembre, las niños van por las casas pidiendo “la calaverita” que consiste en algún dinero que juntan para comprar veladoras y encenderlas en la iglesia por las almas olvidadas, para que tengan luz. Desde esta noche del 1 de noviembre, llegan las ánimas de los adultos y se van en la tarde del 2; alrededor de las 4 o 5 de la tarde, se levanta o desmonta el altar, y se reparten los platillos que se habían llevado como ofrenda.

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